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Terra
La Coctelera

Buen Samaritano

La promoción del programa sería “El samaritano” un programa de cámara oculta que realizó nuestra productora en las últimas prácticas, (el desarrollo del espacio está en la práctica de selers.com).

El spot de la promo tendría como protagonista al presentador del programa. Se trataría de realizar una representación prototípica de las bromas del programa con el fin de explicar al espectador de qué tratará. Es necesario que el público identifique la figura del espectador como una persona disparatada que junto al resto de actores será capaz de crear las situaciones más disparatadas y poner a los buenos samaritanos al borde de una ataque de nervios.

La promo tendría un doble fin: por un lado dar a conocer al presentador y crear entorno a la un aura de diversión disparatada. Como un conductor que nos guiará a las situaciones más locas. `Mientas que por otro se ofrecerán una serie de imágenes cebo de las grabaciones de cámara oculta y las reacciones de los viandantes ante estas situaciones. Recibidas

Propuestas

Serán bien recibidas las porpuestas de formatos de programas que se os ocurran. Aquí teneis vuestro espacio.

Tv Maker

Si realmente te crees un auténtico conocedor de las fórmulas de la caja tonta aquí te brindamos la oportunidad de que lo demuestres. Te acuerdas del mítico programa infantil que emitía TVE1 durante los años 80, La Bola de Cristal. Aquí te enviamos un formulario que deber completar sobre el revivle. Atreveté, se el más original, y muestra tus dotes televisivas.

1.- Utilizando los verbos de la tabla mágica para reinventar la bola de cristal: opta por uno de los verbos y reinventar la “Bola de cristal”.

2.- Reducir el programa a su esencia y darle un giro a uno o varios de sus componentes.

3.- Añadir un componente de otro género.

4.- Día y hora en que pondrías el programa.

5.- Presentadores.

Telerrealidad

La telerrealidad está de moda. Esta es la valoración más importante que se puede sacar después de cinco años de realitys shows en las parrillas españolas de televisión. Cuando en abril de 2000 aterrizó en España Gran Hermano, nadie podía imaginarse la enorme repercusión que alcanzaría en la sociedad. Lo que se había presentado como un experimento sociológico acabó convirtiéndose en un fenómeno de masas para los públicos a la vez que una máquina de hacer dinero para las productoras. Iván, Ismael y Silvia pasaron en tres meses de figuras anónimas a los personajes más populares del país. Ellos eran capaces de arrastrar audiencias de hasta doce millones de espectadores todos los jueves a partir de las diez.

Y esto fue sólo el principio. Meses más tarde comenzaron a crearse nuevos realitys con la fórmula Gran Hermano de fondo. El Bus, Confianza Ciega, Academia de actores, Operación Triunfo, Hotel Glam... con más o menos éxito, la semilla implantada por la productora holandesa Endemol comenzó a dar sus frutos y llenó por completo las parrillas de todos los canales de televisión. A eso hay que añadir que muchos de los otros programas que conforman la oferta giraban en torno a este fenómeno mediático en el que se ha convertido la telerrealidad.

Nuevas tendencias
Otro de los fenómenos que acompañan a los realitys es el hecho de la ilimitada capacidad que parecen tener estos espacios para convertirse en protagonistas de programas emitidos en cualquier franja horaria. Desde Día a día hasta Crónicas marcianas encuentran en la telerrealidad una fuente inagotable de recursos y sobre todo minutos y minutos de televisión a un precio mínimo. Pero el show no concluye al bajar el telón. Los aguerridos concursantes, capaces de vender sus miserias durante meses, salen de la casa, la jungla o el autobús para aterrizar en platos como expertos periodistas del corazón. Los realitys son fábricas dónde se forjan auténticas fieras televisivas capaces de sacar a la luz asuntos que sonrojarían al más ruin de los seres humanos.

Lo más impactante de estos programas en nuestro país no son tanto las fórmulas de los concursos sino las características de sus personajes. Entre un grupo de más de veinte mil sujetos se seleccionan a doce, para que durante cien días expongan su personalidad ante el público siguiendo las directrices marcadas por los guionistas.

Aunque parezca mentira, y sin que sirva de precedente, España no encabeza la lista de reality shows más estridentes. Nuestros grandes hermanos, las Selvas de los famosos y otros espacios similares no llegan a la altura de la telerrealidad que se consume en el resto de Europa. Los productores de estos espectáculos parecen cansados de perseguir idilios bajo la atenta mirada de las cámaras. El sexo y el amor ya no son los pilares sobre los que se basan estos programas. Es el caso de Running Bulls. Este es el título de un nuevo “reality extremo” de la productora vasca Pausoka –Vaya semanita, Ojo que nos ven…- y en el que se someterá a doce estadounidenses a una intensa preparación física para correr los Sanfermines. Ideado especificamente para el mercado norteamericano, el programa contará con una courage scholl donde expertos profesores españoles y americanos les adiestrarán para afrontar el arriesgado reto. La docena de valientes que sean seleccionados en el mutitudinario casting deberán superar una serie de desafíos durante las semanas previas a la festividad pamplonesa.

Vouyeaurismo
La final de la primera edición de Gran Hermano reunió frente a las pantallas a más de doce millones de españoles. Esto supuso el Big-Bang de un nuevo universo televisivo, el inicio de una nueva era para la caja tonta donde ciudadanos de a pie proveniente de diversos lugares de nuestra geografía se expusieron a una convivencia captada por el más de medio centenar de cámaras. El estreno del programa llenó multitud de páginas en diarios y revistas, así como de infinitos minutos en todas las cadenas. Incluso diversas asociaciones feministas forzaron la expulsión de uno de los concursantes tras acusarlo de malos tratos hacia una de chicas de la casa.

Es realmente complicado adivinar el perfil del espectador de realitys. Desde los pequeños de la casa hasta los más mayores parecen disfrutar con las peripecias y las situaciones a las que se enfrentan los concursantes. Cada uno de los telespectadores apuesta por un ganador al que apoyan desde el otro lado pantalla e incluso tratan de que gane a través de llamadas a los 906 y mensajes SMS. Los personajes se convierten en ídolos con sus propios clubes de fans. No importa que los sujetos se esfuercen en superar las pruebas o colaboren en las labores del hogar, la simpatía y el desparpajo son las mayores armas para conquistar el favor del público.

Además, los contertulios de otros programas de la cadena tienen mucho que decir. En ocasiones el apoyo o la crítica realizados por estos son determinantes para elegir al ganador. Boris en Crónicas Marcianas, Kiko en A tu lado o la propia María Teresa Campos en su programa matinal son creadores de corrientes de opinión suficientemente poderosas como para suscitar profundos odios o las más fervientes admiraciones.

Aún nos queda mucho por ver y vivir con esta nueva fórmula televisiva. Los productores se verán obligados a llevar estos programas al límite para seguir suscitando el morbo y continuar cosechando impresionantes cuotas de pantalla. Las extravagancias y la falta de escrúpulos propia de los realitys en televisiones americanas y europeas llegarán a nuestras pantallas cuando la telerrealidad actual deje de ser tan efectiva. El todo vale parece ser la única ley insalvable en este formato. No sabemos cuál es el límite moral que público y productores serán capaces de soportar pero no se preocupen porque próximamente lo verán en sus pantallas.